El Profeta consuela a su sirviente Thawbán

El noble Mensajero tenía un sirviente llamado Thawbán, quien lo amaba tiernamente. Thawbán palideció de ansiedad cuando pensó: "Si alguna vez dejara de ver al bendito Mensajero, no podría soportar la separación. Él es el Jefe de los Profetas en el Día de la Resurrección. Su estación en el Paraíso está ciertamente muy arriba de la mía. Si hemos de estar separados allá, ¿qué será de mí entonces?"
Viendo a Thawbán en esta condición, el bendito Mensajero le dijo: "Estás pálido y lánguido, Thawbán ¿estás enfermo?"
Thawbán lloró mientras le contaba al Mensajero lo que le estaba afligiendo. Entonces nuestro Maestro recitó el noble versículo:

"Los que obedecen a Al-láh y al Mensajero, están con aquellos a quienes Al-láh ha bendecido, los Profetas, los veraces, los mártires y los rectos; ¡ellos son la mejor compañía! Tal es la generosidad de Al-láh, Al-láh es suficiente como el Uno que Conoce."

(Corán 4:69-70)

El Mensajero estaba diciendo en efecto: "Si amas a alguien, estás con esa persona".

 

El destino del jinete ciego que rechazó buen consejo.

"Dos jinetes salieron a cabalgar en las primeras horas de la mañana. Uno de estos jinetes era ciego. Habiendo dejado caer su fuete, desmontó y comenzó a buscarlo a tientas alrededor. Había mucho frío en el aire, y una víbora se había enroscado y dormía en ese sitio. La criatura estaba rígida por el frío, de modo que se sentía como si fuera un fuete cuando el ciego la tocó con su mano. Él la recogió, montó de nuevo, y se emparejó con su camarada, quien le preguntó dónde había estado. El jinete ciego le explicó que había dejado caer su viejo fuete, pero que había encontrado uno mejor, tirado en el suelo. Su amigo le advirtió que su nuevo fuete era en realidad una víbora, pero el ciego se rehusó tercamente a tirarlo. Eventualmente el sol salió. El calor del sol despertó a la criatura que infligió una mordida fatal al jinete ciego..."

¿No nos apegamos a actitudes y hábitos que son tan peligrosos para nosotros como el fuete del jinete? ¿No hemos cambiado conocimiento por ignorancia, fe por incredulidad, luz por oscuridad, trabajo por pereza?

Bajlúl busca fuego en el infierno, pero regresa con las manos vacías

Bajúl el Tonto Sabio, uno de los de Dios, se encontró casualmente un día con el Califa Jarún al-Rashíd.

—¿De dónde vienes así, Bajlúl? —le preguntó el gobernante.
—Del infierno —fue la pronta respuesta.
Jarún, asombrado le hizo otra pregunta:
—¿Qué estabas haciendo ahí?
Bajlúl explicó:
—Se necesita fuego, señor, así que pensé en ir al infierno para preguntar si les sobraba un poco. Pero el individuo que estaba a cargo ahí dijo: "No tenemos fuego aquí". Por supuesto pregunté "¿Cómo va a ser? ¿No es el infierno el lugar del fuego? Su respuesta fue: "Te digo, en verdad, no hay fuego aquí abajo. Cada uno trae su propio fuego consigo cuando viene".
En completo asombro, Jarún al-Rashid hizo aún otra pregunta:
—Dímelo, Bajlúl ¿qué debería yo hacer para no llevar fuego allí abajo?
Bajlúl el Tonto Sabio desapareció a toda prisa gritando "Justicia... justicia... justicia..."

Queriendo ser el anfitrión, el venerable Abraham se convierte en huésped de un extraño

Se dice que el venerable Abraham jamás se sentaba a la mesa a menos que un pobre o un invitado lo acompañara a comer. Había hecho voto de hacerlo así toda su vida. A Abraham, el amigo dilecto de Al-láh, le agradaba recibir cualquier número de huéspedes y era su costumbre compartir siempre su alimento por lo menos con un invitado o persona necesitada. Pasaba hasta un mes sin sentarse a la mesa si no llegaba nadie, una vez ocurrió que en más de un mes no apareció ningún comensal. Esto sorprendió al amigo especial del Todomisericordioso, que emprendió un viaje en busca de alguien a quien invitar. Eventualmente se encontró con un extraño y quiso llevarlo a su casa, pero este noble individuo le dijo que nadie había visitado su hogar en más de tres meses y que estaba firmemente decidido a no comer en ausencia de un invitado. Así, pues, invitó al Amigo de Al-láh a que lo acompañara. Abraham se maravilló al ver cuán grandes son las bendiciones de Al-láh, ya que había encontrado a alguien cuyo respeto por los huéspedes a la mesa era aún mayor que el suyo propio, alguien que era capaz de quedarse sin comer por más de tres meses si no llegaba algún invitado. Ya antes se había preguntado en su noble corazón si habría otra persona como él, y ahora se daba cuenta que Al-láh tenía siervos tales como el que ahora veía...

Arrepentido y con remordimiento de conciencia por haberse entregado a dichos pensamientos, aceptó la invitación del santo desconocido diciendo que le daría gran placer ser invitado al hogar de tan fiel amante. Juntos emprendieron el camino, compartieron la comida y conversaron. Luego juntos también adoraron a Dios. Cuando llegó la hora de separarse, el anfitrión abrió la puerta, Abraham pidió al hombre que por favor hiciera una oración de súplica, pero éste le respondió que había renunciado a hacer tales oraciones. Durante años había orado por algo que deseaba, explicó, pero Al-láh no le había concedido su deseo y pensaba que su boca no era digna de hacer la plegaria, por lo que le rogaba lo disculpara. El amigo dilecto de Al-láh le preguntó entonces cuál era el deseo que Al-láh le había negado, y esta alma pura respondió, "Dicen que hay sobre la tierra un amigo especial de Al-láh a quien llaman Abraham Jaliluláh. Yo anhelaba de corazón verlo, y por años rogué a mi Señor, me concediera ese deseo. Pero el encuentro no sucedió, así es que mi boca no ha de ser digna de hacer una plegaria de pedimento. Hazla tú, por favor."
El Amigo de Al-láh se dio cuenta entonces por qué había sido misteriosamente llevado a ese lugar. Sus ojos se llenaron de lágrimas de gozo, y exclamó "¡Oh siervo fiel! Yo soy el profeta Abrahám. Por tu buena conducta y carácter intachable, Al-láh me ha enviado a tu hogar."

Tales son las manifestaciones de nuestro Señor, Él conduce a Sus amigos predilectos hacia aquellos que Lo aman. Esta historia muestra la gracia divina reservada a quienes siguen la conducta ejemplar del Mensajero de Al-láh, Mujámmad, para alcanzar esta estación.

Ofrece alimentos en honor de Al-láh. El bienamado vendrá a aquellos que comparten sus comidas en el hogar y tratan a sus huéspedes con honor por el amor de Al-láh. Su misma Esencia de Divinidad puede hasta condescender.

Él está exento del comer, el beber, el dormir y el envejecer. Pero tú recibirás un huésped, y al honrarlo, será alguien cuya vista está con la Verdad, cuyo oído está con la Verdad, cuya posesión está con la Verdad y cuyo caminar está con la Verdad. Para aquellos que entiendan...

El arrepentimiento sincero salva a un bandido

Hubo una vez un hombre, en los días anteriores al Islam, que había asesinado a noventa y nueve personas. Un día sintió remordimientos y se dirigió a un erudito, le relató su pasado y le expuso su deseo de arrepentirse, reformar su conducta y convertirse en una persona de bien. "Me pregunto —dijo el bandido— si Al-láh me perdonará."
Con todo su conocimiento, el erudito era un hombre sin sabiduría, que no había logrado digerir lo que había aprendido. "No serás perdonado" fue su respuesta. "Bueno, —dijo el bandido— en ese caso, entonces puedo matarte". Y en efecto, le dio muerte sin más.
Poco después encontró a otro digno personaje y le confesó que había asesinado a cien personas, "Me pregunto —le dijo— si Al-láh me perdonará si me arrepiento". Como se trataba de un sabio, el hombre respondió "Por supuesto que serás perdonado, arrepiéntete de inmediato. Tengo solamente un consejo que darte: evita la compañía de los hombres perversos, y mézclate con gente buena, pues las malas compañías te llevan al error." El hombre lleno de pesar lamentó sus pasados errores y lloró sinceramente al implorar a Dios perdón. Luego, volvió la espalda a las malas compañías y salió en busca de un vecindario donde viviera gente de bien para establecerse allí. En el camino, llegó su hora y murió.
Los ángeles del castigo y los de la misericordia llegaron para llevarse su alma. Los ángeles del castigo decían que como pecador que había sido, les pertenecía. Pero los ángeles de la misericordia lo reclamaban también para sí argumentando "Se arrepintió y había decidido convertirse en un hombre bueno. Iba camino a un lugar donde vivía gente honrada, cuando lo sorprendió su hora." Siguió un largo debate, y Gabriel fue enviado como árbitro para decidir el asunto. Después de escuchar a ambos grupos dio su veredicto: "Midan el suelo, si el punto donde murió está más cercano a la buena gente, entonces él pertenece a los ángeles de la misericordia, pero si está más cercano a la gente malvada, entonces pertenece a los ángeles del castigo." Así lo hicieron. Como el hombre había emprendido apenas el camino, se hallaba al morir más cercano a su antiguo pueblo, pero por haber sido sincero en su arrepentimiento, el Señor movió el lugar de su muerte por Su divina gracia y lo puso cerca del pueblo de los buenos. Así, este siervo penitente fue entregado a los ángeles de la misericordia.

Si deseas abandonar los malos hábitos, debes abandonar la mala compañía. En cualquier cosa negativa que hagas en compañía de otros, lo primero es abandonar a quienes te alientan para ello. Si deseas ser una buena persona, debes buscar la compañía de gente buena, modela tu conducta sobre la suya.